martes, 6 de marzo de 2012

Feliz cumpleaños al Gabo que yo admiraba...

1982: El irrreverente GGM y el Rey Carlos Gustavo en la ceremonia de los premios Nobel

La primera vez que tuve contacto con un texto de Gabriel García Márquez, ilustre cumpleañero de hoy, fue una tarde de 1981. Cursaba el cuarto año de bachllerato y teníamos la "obligación" de entromparle a un mamotreto que lucía larguísimo y fastidiosísimo: Cien años de soledad, novela considerada como el santo grial del celebrado Boom Latinoamericano, que tantísmas vainas nos enseñó y aún nos sigue enseñando.

Con un suspiro profundo, digno del último despecho que experimentaba el adolescente que era yo, le entré obediente al libraco. Las notas estaban palo abajo y algo había que hacer, para no quedarle mal a mi vieja. Sucedió que el mamotreto me agarró de la pechera, para no soltarme hasta la página final. Parecía un poseso. Y peor: sucedió que cuanta cosa llevara la firma de GGM, me la tragaba de un sopetón y, a la fecha, mi relación con "Cien años de soledad", va por siete u ocho leidas.

"El coronel no tiene quien le escriba", "Relato de un naúfrago", "Crónica de una muerte anunciada", "El otoño del patriarca", "El general en su laberinto" y la muy querida "El amor en los tiempos del cólera" han sido libros que me han acompañado, en la buena y en la mala, a todo trance y conservan la extraña capacidad de sorprenderme. Como el primer día...

Para el liceista del glorioso liceo "Luis Razetti" que era yo, a principios de los años ochenta del SXX, me pareció un acto cojodudísimo que un tipo rompiera el protocolo del estiradísimo Premio Nobel de Literatura, al presentarse en Estocolmo con un liqui liqui blanquísimo y la sonrisa más pícara de la que tenga memoria, para un irreverente como él.

El libro de Juan Carlos Zapata sobre la vida de GGM me pareció revelador, demostrando que la influencia de Venezuela en la obra literaria del octogenerio colombiano, fue determinante. Cuenta Zapata que muchos de los capítulos de Cien años fueron escritos en la Torre de La Prensa de Altagracia y también en un apartamentico de San Bernardino. 

El Gabo de los últimos tiempos, la verdad sea dicha, se ha tornado en antipático y divo. Por si fuera poco, el silencio cómplice que guarda sobre la feroz represión hacia escritores y periodistas en Cuba, lo hace tanto o más responsable que el bestial régimen de los Castro en materia de Derechos Humanos. Pero bueno, a los ídolos de uno no se le puede pedir perfección.

Vaya nuestra felicitación, nuestro sincero deseo porque no vuelva a escribir un fiasco como Las putas tristes y que vuelva a ser el mismo "Trapo loco" que en Caracas descubrió lo sabroso que es vivir feliz e indocumentado...

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