Hoy LB busca un sitio en México para trascender.  Creación C.E. Ramírez
Atilano Hidalgo Peña es el vivaz animador, gurú supremo y “controlador” de los afectos con el micrófono, de ese monstruo de mil cabezas llamado gimnasio José Beracasa del complejo deportivo Naciones Unidas, sede de los campeones defensores Cocodrilos de Caracas.
Luego de presentar a los integrantes del quinteto rival, Hidalgo Peña impulsa el sentimiento de pertenecer al cuadro rojo, fruto del empeño de la familia Valentiner.
Uno a uno, apodo tras apodo, los jugadores salen de la banca para recibir la catarata de cariño de sus parciales. Pero todos saben cuando va a llegar el momento cumbre: “¡y ahora…el Tsunami… Luis Bethelmí!”
Para quienes hemos estado allí, es imposible ser indiferentes ante tantísima energía, tantísima devoción para este joven nacido el 14 de octubre de 1986, en la cálida población de Güiria, en el estado Sucre.
“Cuando salió Víctor David Díaz del equipo, todos sabíamos que vendrían muchos cambios en el equipo. He tenido la suerte de contar con el apoyo de la afición, me he mantenido sano y quiero hacer grandes cosas en el baloncesto venezolano”, dice con una serenidad pasmosa el penúltimo hijo del matrimonio Bethelmí Villarroel.
 
Ritual de amor
Cobrar un tiro libre supone un momento de gran concentración, para el basquetero que lo vaya a realizar. En la historia de la Liga Profesional de Baloncesto, muchos hombres le han puesto su sello personal al acto de cobrar una falta. Cruz Lairet ensalivaba sus dedos índice y medio antes de tocar el balón. Gabriel Estaba buscaba la orientación ideal, girando la lengua en sentido contrario de la agujas del reloj y Luis Bethelmí se toca los tatuajes que tiene en sus hombros, para invocar el afecto de sus padres.
“Ellos me dieron la vida y les debo mucho. Yo llevo sus rostros tatuados en cada uno de mis hombros y por eso, cada vez que cobro un tiro libre, me ayudan a convertir”, comenta el hijo de Humberto Bethelmí y Mineira Villarroel de Bethelmí. Seis son los hermanos de uno de los grandes talentos de nuestro baloncesto. Ellos son Humberto, Adolfina, Carlos, Heisel, Kellys y Albani.
 
Comienzos en el diamante
Este bachiller en ciencias, comenzó en el deporte a los 15 años. Pero el primer amor competitivo no se le dio en los predios del tabloncillo, sino en el diamante del béisbol. “Me dedicaba al beisbol: era pitcher derecho y primera base. Pero mi primera salida a Cumaná, fue con el básquet. Luego llegué a la selección nacional de cadetes, equipo del que formé parte entre los años 2000 y 2002, de la mano de Néstor Salazar”.
Una vez más, la selección fue una vitrina que proyectó al chamo de Güiria. “Llegué a Cocodrilos en los tiempos en que Alexander Vargas y Víctor David Díaz eran las figuras indiscutibles. Luego me llamaron para la preselección de mayores. En la Liga Nacional , formé parte de los Pescadores de Sucre. ¿Qué cuál es mi secreto profesional? Me gusta trabajar duro. No soy rumbero, me gusta ir al cine y suelo quedarme en el apartamento, reponiéndome”.
La fama de Luis Bethelmí ha traspasado las fronteras patrias y llegó a brillar en la Liga Nacional de Baloncesto mexicano. Dificultades de orden familiar, le obligaron a regresar a Venezuela, cuando promediaba más 25 puntos por juego con el quinteto Lobos de la Universidad Autónoma de Cohuila.
“Muchas veces he escuchado un comentario que me llama mucho la atención: que si Bethelmí parece un gringo, un refuerzo importado. Nada de eso: no soy gringo, soy oriental. Sólo estoy trabajando muy duro, para ganarme un puesto en el baloncesto venezolano. En mis inicios, debía enfrentarme a jugadores más altos y con mayor musculatura. Siempre les jugué inteligente y nunca jugué intimidado. Para jugar básquetbol se necesita corpulencia, pero también inteligencia y rapidez”, comenta el jugador que es un puesto fijo en la alineación abridora de Cocodrilos, club que se enfila directo a otra final.
 
Lo mejor de lo mejor
Tras una primera mitad con algunos altibajos, Luis Bethelmí asegura por todo el “cañón del medio”, que la afición de Caracas tiene ante sí la mejor versión de los Cocodrilos. “Fuimos mejorando en cada presentación. Los muchachos de la banca son muy importantes, ya que cada uno sabe hacer su trabajo. Una banca de envidia para los otros clubes. Por mi parte, recibo una marcación fuerte, con mucho contacto físico y por eso siempre digo que hay que tener cabeza fría”.
Para 2009, más allá de una importación que llegó a contar con Kevin Freeman y que hoy exhibe al dominicano Jack Michael Martínez, jugador más valioso de la final 2008; la dupla criolla conformada por Juan Herrera y Bethelmí ha ratificado la incidencia del talento criollo en la consecución de los campeonatos.
Le pedimos a Bethelmí que comparta con los lectores de Podium, quiénes son sus referentes en la cancha. Yo no duda un segundo en nombrar a Víctor David Díaz, hoy con la camiseta de los Gigantes de Guayana y de Vince Carter en la NBA. “Como sucedió el año pasado, poco a poco les estamos dando un anuncio al resto de los equipos, que se preparen. Vamos con la misma intensidad y ganas para buscar el título. Todos mis logros se los dedico a mi familia, especialmente a mis padres”.
 
(Publicado en la revista Podium, en el año 2009, bajo la coordinación de la colega Liana Calderón)