jueves, 23 de enero de 2014

¿Y dónde quedó el 23 de Enero de 1958? Tres miradas sobre una fecha que nos cambió la vida


Pérez Jiménez era amante de los deportes. Aquí le vemos con Juan Manuel Fangio


Hubo un tiempo en que, para este servidor, el “23 de Enero de 1958” era una fecha lejana, vacía y sin conexión afectiva alguna. La vida y muchísima gente querida me enseñaron todo lo contrario.

Recuerdo los cuentos de mis abuelas Elina y Clara María, adequísimas, cuando estaban involucradas en la clandestinidad: una metiendo volantes en los pañales de sus hijos más pequeños y la otra formando cuadros en el magisterio, siempre atentas a los filosos zarpazos de la Seguridad Nacional.

Recuerdo  la historia de mi Viejo Alí Rafael Peñalver Bolívar, cadete de la Efofac, que por no tener dinero para irse a Maturín fue testigo en primera fila de los acontecimientos que derivaron en la caída del dictador Marcos Evangelista Pérez Jiménez en aquel enero de Gloria.

Tiempo después, siendo pichón de periodista, conocí a un tipo alegre, vital, eterno optimista que por aquellos lejanos tiempos de 1986 llevaba adelante la “quijotada” de gerenciar a la franquicia Panteras, en el gimnasio “J.J. Papa Carrillo” de Sebucán: Amílcar “Kiko” Gómez se llama mi amigo y en 1958 era, nada más y nada menos, que integrante de la Junta Patriótica de Venezuela, entidad que coordinó a fuerzas dispersas por la liberación del país.

Es por ello que hoy comparto con ustedes, amigos míos, tres testimonios de gente que vivió esa época convulsa, que marcó la historia del SXX Venezolano.

Trujillano, magallanero y padre de familia

Leopoldo José Linares es magallanero y en su natal Trujillo practicó el beisbol desde muy pequeño. Una vez, el mismísimo Patón Carrasquel lo fue a ver jugar.

Tiempo después, en una de esas volteretas que da la vida, volvió al diamante de la pelota, pero a más de 5000 kilómetros de su casa. Estaba residiendo en Santiago de Chile, lugar que escogió su familia para protegerlo de la cárcel en Venezuela y que terminó siendo su segundo hogar. Allí se enamoró y tuvo dos hermosas “guaguas”.

El que luego se convirtiera en destacado periodista y analista político, nos cuenta lo que fue la génesis del “23 de Enero”, fecha libertaria sembrada en el alma del pueblo venezolano, desde el año 1958.

 “El llamado Pacto de Punto Fijo comenzó a gestarse en Nueva York en 1957. Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jovito Villalba acordaron respaldar y hacer realidad el gobierno del aspirante que resultara ganador en las primeras elecciones a la caída de la dictadura.

Yo vivía en Chile desde 1955 y entre la comunidad de perseguidos y exiliados se decía que Pérez Jiménez a sus 47 años, iba a morirse en su cama como Juan Vicente Gómez. Al final, el ‘Tarugo’ salió correlón y se fue en la Vaca Sagrada (El avión presidencial) la noche del 23 de Enero de 1958.

Los venezolanos en Chile esperábamos noticias desde la redacción de El Mercurio y fue una gran alegría saber que había caído la dictadura. Recuerdo que muchos políticos como Salvador Allende y Agustin Gonosio simpatizaron con nuestra causa”.

El pueblo tomó y redujo a cenizas la sede de la temida Seguridad Nacional


 “Váyanse ya, que viene la Seguridad Nacional”

Armando Naranjo trabajaba en la redacción deportiva de El Universal, cuando este rotativo tenía su sede en el edificio Ambos Mundos, en el centro de Caracas.

“Nosotros estábamos respaldando la Huelga de la Prensa y me tocó recibir una llamada del colega Eleazar Díaz Rangel, dirigente de la Asociación Venezolana de Periodistas. Me dijo que nos fuésemos, porque la Seguridad Nacional estaba allanando las redacciones.

Mis compañeros de trabajo, en ese entonces, eran Omar Lares, Álvaro Miranda, Leslie Gruber, José Luis Arbona, Florencio ‘Chivo’ Osorio y Juan Vicente Bello.

Yo vivía en El Conde y podía ver las barricadas que hizo la gente para evitar el desplazamiento de la policía. Era evidente el deterioro del gobierno de Marcos Pérez Jiménez.

Cuando voló la Vaca Sagrada, que así era como se conocía al avión presidencial, la fiesta popular fue tremenda. La gente se echó a la calle. Fue en ese momento que supe que Amílcar Gómez, el popular locutor comercial deportivo, era integrante de la Junta Patriótica. Era un tipo muy alegre, amigo de todos”.
 
“No hubo piedad con los esbirros”

John Muñoz fue exitoso multiatleta, docente y estaba en su querida casa de El Cementerio cuando comenzó la liberación de Venezuela, ese 23 de Enero de 1958.

“Yo tenía como 19 años y vivía en El Cementerio. Recuerdo que fui con el locutor Ivan Díaz Millán a la sede de la Seguridad Nacional y en el camino escuché el vuelo de la Vaca Sagrada.

La salida de MPJ fue producto de un movimiento colectivo, que era el clamor de la Nación. El pueblo identificó a los torturadores y esbirros de la policía política y los linchó sin piedad.

Papá era sindicalista y recuerdo que en una oportunidad me dijo que no podía llevar al escudito de Juan Bimba en el pecho, porque me podía traer problemas. Era el símbolo de Acción Democrática.

Yo estaba muy joven y llegué a intervenir en los desfiles de la Semana de la Patria. El gobierno en ese entonces, como ahora, explotaba a las figuras populares como Susana Dujim (reina de belleza), Alfonso Carrasquel (grandeliga) y César Girón (torero).

Luego de que cayó MPJ, supe que mi vecino Jesús Ramón Carmona estaba trabajando en la clandestinidad la política. El le disputó la Federación de Centros Universitarios a Hilarión Cardozo y le ganó”.
Charreteras ayer, las mismas de hoy...


Sí, a 56 años de distancia, el país vive sumido en un pantano de desesperanza, devaluado no sólo en su signo monetario, sino también amnésico, catatónico, ignorante de su propia historia contemporánea y peleándose como perros callejeros mientras una casta de charreteras tan o más corrupta que la de antaño, negocia el país a nuestras espaldas, cabalgando en una épica trasnochada y vacía.

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