jueves, 24 de diciembre de 2015

Niño Lindo o las Bodas de oro del Quinteto Contrapunto navideño


"La verdadera muerte es el olvido"
Anónimo

24 de diciembre de 1970: Tengo cinco años, Brasil ganó la Copa del Mundo en México y el año que viene paso para primaria en mi colegio de toda la vida, la escuela municipal "Matías Núñez". Me regalaron un balón de cuero, tengo una camisa amarilla. Soy feliz.
Estamos en casa de mis abuelos Clara María y Antonio, en el piso 1, apartamento 11 del edificio Santa María. La catira de Aragua de Barcelona se levanta de la mesa luego de la cena, se dirige al piano y comienzan los acordes de Niño Lindo, magnífica pieza que recopiló Vicente Emilio Sojo.
Descubro el disco aquel de fondo azul, con un nacimiento venezolanísimo de un grupo que está por disolverse: el Quinteto Contrapunto.

24 de diciembre de 2015: Tengo 50 años, mi amada selección de básquet se coronó en América, con boleto olímpico incluído. Todos mis abuelos han muerto y escucho una vez más Niño Lindo: sucede que voy de golpe y porrazo a la Venezuela de Caldera I, con turrones, panetonne, vino tinto y sidra, "25 hallacas a medio" como las que venden en la puerta del cielo.
En medio de tantísimas dificultades, de silencios, de incertidumbre, me aferro a la esperanza para no caerme en el abismo de los miedos. 
Celebro tener entre mis discos más queridos el CD del Quinteto Contrapunto, en las bodas de oro de ese magnífico trabajo que me acompañó en mi infancia, en las primeras navidades de mis hijos y ahora, en la "Ciudad de la Furia".
Celebro poder cantar con el Polifónico Rafael Suárez, todas y cada una de las canciones de mi querido disco azul, el mismo LP que ha conmovido a la gran familia venezolana en el último medio siglo.
María Colón de Cabrera, directora del Polifónico Rafael Suárez, reconoció a esta disco
como parte fundamental de la navidad venezolana

El mítico Quinteto Contrapunto: de izquierda a derecha Domingo Mendoza (Bajo), Morella Muñoz (contraalto), Rafael "Fucho" Suárez (barítono y director), Auristela Guánchez (soprano) y Jesús Sevillano (tenor). Para mí, ellos son los Beatles de la música popular venezolana en los años 60.

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