lunes, 10 de junio de 2013

Cuatro años en el querido Coro Polifónico Rafael Suárez: una mirada muy personal

En el Festival Navideño de Odontología UCV 2012. Foto cortesía Carlos Lasala

 Junio es el sexto mes del año y para mí tiene un sabor muy especial. Por estos días, y gracias al amoroso impulso de "My Lady" Ana María Linares Muñoz, atendí a la fraterna invitación que me hicieran Jesús Miguel Pereira y María Arias de Cabrera, para formar parte del Coro Polifónico Rafael Suárez.

Sucedió en junio de 2009. Yo estaba francamente asustado. Era la primera vez que cantaría en serio, luego de formar parte del coro del kinder, del grupo de Gaitas "Los Parranderos", de algunas serenatas en Upata y una brevísima pasantía por la Coral UCAB, que dirigía el maestro Andrés Sandoval, Padre.

Llegué a la casita de la Schola Cantorum y allí estaban los que desde entonces llamo mis hermanos, mi gente, mi segunda familia. Conocí de entrada a Leonor y María Luisa Cabrera, quienes junto a la gran maestra María Colón de Cabrera, me hicieron la prueba y el veredicto fue !!!ta tan!!! cantaría en la cuerda de bajos - barítonos.

Dios sabe cuánto quería cantar y ser aceptado en la legendaria, pero como todos, pasé mis primeros días pagando el noviciado, cantando de "pescaíto" o recostado de los caballos de la cuerda: Mao Hernández, Daniel Linares, Hermann Díaz, Cruz Paiva y el gran Gerzaín Mota.

"Alba", hermoso valse con arreglo coral del músico margariteño Rafael Suárez (1929-1971), fue la primera pieza que realmente canté y por esos días hubo una presentación en la Parroquia Universitaria, a la que preferí asistir en calidad de espectador. "Mucho camisón pá Petra", dije para mis adentros.

Algunas semanas después, en medio de un bestial aguacero, fui al Club Magnum para el que fue mi primer concierto: la maestra Gioconda Cabrera invitaba al Polifónico a alternar con la coral de ese club. La magia de María Colón hizo, una vez más, de las suyas, con repertorio "de última hora" que los demás sabían y yo tuve que volver a la penosa faena de pescaíto.

Tuve el gusto de formar parte, no sólo de uno de los coros referencia del movimiento musical venezolano, sino que pude intervenir en la reingeniería del mismo, con el fortalecimiento de la cuerda de bajos - barítonos. Aumentamos en cantidad, calidad y sonoridad esa primera y querida escuela de canto.

Por ese entonces, yo tenía un Black Berry y poseído por la fiebre comencé a tomar fotos a diestra y siniestra, de los ensayos, de las  alegrías, de las realizaciones, de los cumpleaños, de los momentos de esfuerzo hasta que saliera la pieza. Hice dos años de fuerte campaña para que "Liberaran al Mencionao" y salió libre.

Primero, con una pobreza técnica digna de mejor causa. Luego, con la ayuda de una mejor cámara, pude reencontrarme con una vieja pasión de niño y de adolescente, captar imágenes cual cronista de la calle.

Un poco más tarde, junto a Nereida Vásquez ("Para mi corazón basta tu pecho" de Modesta Bor y Pablo Neruda, nunca sonará igual sin su voz), María Arias de Cabrera y Jhon Isaac Requena Negrón constituimos el grupo de comunicaciones, para mover la presencia del coro en las redes sociales. Y la pegamos de la pared!

Luego vinieron las fechas en el Centro de Acción Social para la Música, la Opera Bolívar, la Carmina Burana, el Teresa Carreño (mi abuela Clara María estaría orgullosa de mi, carajo) y el World Choir Games en Cincinnatti, donde alcanzamos dos medallas de oro y una plata, ganando el derecho a intervenir en la categoría Coros campeones en Riga 2014.

Valió la pena vender rifas, quemarse bajo el sol de Caracas en los potazos, cantando en cuanto tigre hubiera. Todo con tal de dejar muy en alto en nombre de Venezuela en el exterior...y de cantar, cantar con alegría, armoniosamente desde el corazón, como predica mi amigo Cruz Rafael Cabrera.

Estuve dos años desempleado. Dos años. Se dice fácil, pero es una situación cruda para quien lleva esa múcura sembrada en el alma. Y hallé en el Coro la solidaridad, la comprensión y el brillo de la alegría, cuando el jueves 28 de febrero de 2013 le informé a mi familia musical que ahora formaba parte de la redacción deportiva de El Universal.

La nueva realidad laboral me tiene contento, hiperactivo y con los sentidos abiertos para aprender. Y a pesar de los pesares, he tratado de mantenerme cercano al querido coro, así sea llegando tarde a la crucial sesión de vocalización. Hasta donde pueda, trataré de no faltar a los ensayos.

Han sido momentos de crecimiento, de amor y hoy debo reconocerlo, de fatiga. Quisiera ver al coro más grande de lo que es, pero a veces siento que no me permiten ayudarlo más. Tengo un profundo voto de agradecimiento, de corazón que es así. 

Tan sólo espero que las cosas cambien, evolucionen para mejor y podamos celebrar el cuadragésimo aniversario fortalecidos como la gran referencia musical, humana y organizativa que desde hace rato podríamos haber sido, pero que algunos lastres no lo han permitido hasta ahora. Un nuevo liderazgo, estoy convencido, es el voto de esperanza que dejo explícitamente en la mesa.

Crónicas del periodismo deportivo: Oscar Prieto Párraga y yo (Parte II y final)

Así de feliz estaba yo en el Universitario tocando "Maracunata" del grupo de rock Aterciopelados en el legendario Palco de Prensa (Foto Dr. Daniel Gutiérrez)

El segundo cuento que les debía del Dr Oscar Prieto Párraga, tuvo lugar en el estadio Universitario de la UCV. Corría la temporada 2000 - 2001 y este servidor era jefe de prensa de los (Gloriosos) Tiburones de La Guaira.

Gracias a la gentileza del jefe de medios, Héctor Cordido y de mis jefes Freddy Chacín y Armando Arratia, tuve la fortuna de dirigir las relaciones con la prensa y la fanaticada en esa campaña.

No se si fue por primera vez, pero los aficionados comenzaron a tener voz y esa voz era escuchada por la gerencia, gracias a la fuerza y encanto de un grupo de tiburoneros muy especiales, liderizados por la Lic. Giovannina Orsini Velásquez.

Fue un relanzamiento de mi carrera profesional, fue una oportunidad de crecimiento personal, también tuve que suspender mi militancia caraquista, ya que la pasión tiburonera me invadió.

Estando en funciones como redactor de "Ataque de Tiburón", la bella Margarita Capote me llama para integrar el staff de periodistas deportivos de Ultimas Noticias. Podía tocar el cielo con las manos.

Sucedió que en un juego contra el Caracas, la Samba Guairista desconcentró a Omar Daal y Prieto Párraga montó en cólera. "La samba no entra al juego, cuando Caracas sea local". Y asi fue.

En un evidente conflicto de intereses, escribí una nota muy fuerte en UN, que salió publicada un domingo, fecha en la cual debía cubrir el juego Leones vs Caribes.

Estando en el dogout del Caracas, el entonces propietario de Leones se me acercó y, con la voz más baja que usted pueda imaginar, me dijo palabras más, palabras menos "Peñalver, se te fue el yoyo. Si yo tuviera un periódico a mi disposición, sería muy fácil caerte a carajazos".

El hombre tenía razón y para mas vaina lo dijo sin gritar, casi inaudible. Fue devastador. 

oxoxoxoxoxox

Junio de 2013:

Oscar Prieto Párraga ya no es el "George Streinbrenner" que mandaba en el Caracas, pero ostenta un cargo hiper especial. Es el presidente de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional y acaba de resolver, quirúrgicamente, la primera crisis de su gestión sin haber comenzado la campaña: el caso del arrendamiento del estadio "José Pérez Colmenares" de Maracay.

viernes, 7 de junio de 2013

Crónicas del periodismo deportivo: Oscar Prieto Párraga y yo... (I)

Ese fue el intimidante cartel que no requiere mayor explicación. Foto de Iván Buznego
Creo haber dicho alguna vez, corrijo, proclamado a los cuatro vientos, que soy orgullosamente Caraquista. Fanático de los Leones del Caracas. Quizás hasta la vaina es genética.

Mi mamá (sospechosa de ser simpatizante del Magallanes, se le perdona por Dios) siempre me refería que mi bisabuela Estílita no podía ser perturbada cuando comenzaba la transmisión radial de los melenudos.

Eras los tiempos del mítico "One-two" de César Tovar y Vitico Davalillo. "Es un hit" decía la venerable y endeble matrona, convertida en una furibunda experta. 

"Hit a la derecha" confirmaba segundos después el vozarrón de Delio Amado León por el radiecito. Y cómo la abuelita Estílita Noguera sabía la naturaleza del batazo? "Hay que escuchar la madera hija, la madera". Tiempo después, en la película "Troubles with the curve", Clint Eastwood confirmaba la sentencia de esa querida viejita, a la que sólo conocí por las fotos sepia de la familia.

Yo me pegué a la magia caraquista en tiempos de Baudilio Díaz, Antonio Armas, Kevin Bass y el manager Alfonso "Chico" Carrasquel. Eran los tiempos del primer campeonato del Caribe de los Leones, en Hermosillo, México 1982. Recuerdo que Luis Salazar (refuerzo de Tiburones) fue clave para la victoria, con sus hits cruciales.

Creo que por esos tiempos fue que reparé en la existencia del odontólogo Oscar Prieto Párraga, heredero del imperio que construyó su padre, el "Negro" Prieto y Pablo Morales. "Cabeza de repollo" para sus más íntimos, el joven y soberbio dirigente tuvo que inclinar la cabeza con dolor, al momento de la venta del club tiempo después, al Grupo empresarial Cisneros.

Tengo dos cuentos buenísimos con el Dr Prieto, odontólogo "ad honorem" durante muchísimos años en el Hospital Ortopédico Infantil. El primero fue en enero de 1989, siendo yo redactor novato en el diario "Meridiano", bajo las órdenes de Andrés Dearmas, Apolinar Martínez y el fraterno Víctor José López "El Vito".

La noche del 11 de enero de 1989, un grupo de periodistas entramos al club house del Caracas para entrevistar al pitcher margariteño Ubaldo Heredia, quien cerró un juegazo. Los peloteros comenzaron a lanzarse sus prendas íntimas (ojo sudadas generosamente luego de nueve innings) y algunas nos rozaron la cara.

Les pedimos un tregua y el "Chino" Cáceres empezó a recolectar uno a uno los suspensorios e interiores. Cuando menos los imaginábamos, uno de ellos le puso de sombrero el tobo al pelotero y por supuesto nos cayó a los profesionales que estábamos trabajando.

Le comenté el incidente al redactor titular de beisbol, y me dijo con todas sus letras, "no dejes pasar ese irrespeto, dales su coñazo" y al llegar al diario en la Avenida San Martín, empecé mi relato así: "Prenatal del Caracas, especial..."

Al día siguiente, apareció en la entrada de la cueva este aviso con el que ilustro esta columna. Amigos me llamaron para prevenirme, porque la amenaza estaba cantada. 

"Si él baja al dogout (o sea yo, Fernando Peñalver), será a su cuenta y riesgo. No puedo garantizar su seguridad", le dijo Prieto Párraga al redactor titular de la fuente, quien le confirmó que el término del partido contra Aguilas del Zulia yo bajaría a realizar mi trabajo, en caso de que los Leones salieron victoriosos. 

No tengo que decirles que estaba cagado. Sudaba frío ante la posibilidad de medirme a esa extraña fauna llamada pelotero profesional, que en los Spring Training son dóciles y accesibles con la prensa de su país, pero que al pisar el Estadio Universitario se creen con el derecho de patear al gremio (O será que nosotros lo permitimos?).

Para mi tranquilidad e integridad fisica, las Águilas ganaron ese juego y también la Serie del Caribe de la mano de Porfirio Altamirano, serpentinero nicaraguense. Luego vendrían los fatídicos días del Caracazo y su honda estela de muerte y destrucción.

Y el segundo cuento? Se los debo para mañana!!!